Martes, 01 de marzo de 2011

NOVELA Y FICCI?N EN LA HISTORIA

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Se ha definido cl?sicamente a la novela como una ficci?n en prosa, y dentro del g?nero mayor de la novela, la novela hist?rica conforma un subg?nero cuya caracter?stica distintiva es el uso del pasado como referencia central para el curso del argumento. Sabemos que esta novela hist?rica naci? en pleno romanticismo con un noble escoc?s empobrecido que necesitaba imperiosamente crear un pasado idealizado de su linaje que lo justificara en el presente.

Walter Scott vio en la Edad Media la posibilidad de su reivindicaci?n social al instalarse en el ?mbito donde nacieron los privilegios de nobleza: los condados, los ducados que tanto ansiaba, donde arraig? la imaginaci?n para desarrollar sus novelas. Ese pasado nost?lgico, envuelto en la bruma de lo rom?ntico, hizo posible el desarrollo de la novela hist?rica que despu?s continuaron Fenimore Cooper (las tribus ind?genas arrasadas en EEUU), Alfred de Vigny, V?ctor Hugo (la hidalgu?a espa?ola a?orada en Hernani), Alessandro Manzoni, Le?n Tolstoi, Henryk Sienkiewicz, Robert Graves, entre otros.

En otro extremo, el autor proyecta su imaginer?a en un futuro incierto, en las novelas de ciencia ficci?n o literatura de anticipaci?n que tienen una larga tradici?n en las distintas utop?as renacentistas desde Moro, Campanella a Baccon.

Paralelamente con el desarrollo cient?fico que sigui? a la f?sica y mec?nica newtonianas, la propia ciencia, adelantando sus desarrollos futuros hizo reflexionar a los autores sobre el sitio que ocupar? el ser humano en un mundo complicado por la t?cnica: Mary Shelley, Carl Sagan, Aldus Huxley, G.H.Wells, Julio Verne, John Wyndham, Karel Capek, Judith Merril, Antony Burgess (entre otros) han descripto maravillas o peligros en ese futuro imperfecto de la humanidad.

Ya en el pret?rito indefinido o el futuro pluscuamperfecto, la proyecci?n del hoy distorsiona la actualidad para ajustarla con m?s precisi?n a la imaginer?a del autor.

?Qu? perspectiva queda ahora, cuando Jacques Derrida (en ?Pre-Textos?, 1985) nos alivia al declarar que la ficci?n es la condici?n de toda discursividad, entendiendo que la ?nica referencia que admite el lenguaje que articula un discurso, es consigo mismo.

Los distintos niveles de metadi?gesis pueden ubicar perspectivas distintas, unas m?s atentas a lo formal, otras a las referencias tem?ticas, pero el discurso ficticio nunca est? ajeno a ning?n escrito, por documentado o escoliado que ?ste fuere.

El marco de la novela hist?rica tradicional siempre me pareci? bastante estrecho; se asemeja a las terrazas que recorri? Dante en el Infierno: de un lado ten?a la impenetrable pared de roca, del otro, el fuego eterno y s?lo le quedaba ese sendero sinuoso en el que se deb?a avanzar arriesgando la integridad ya que el menor resbal?n lo llevar?a indefectiblemente a la muerte, en el caso de un escrito, al derrumbe de la novela.

Admiro a quienes pueden escribir circunscribi?ndose con fijaci?n casi obsesiva a los l?mites del pasado hist?rico, pero yo s? que soy incapaz de esa proeza. En cambio, la ficci?n hist?rica, tal como la defin?a Augusto Roa Bastos como el ?libre ejercicio de la ficci?n y de la historia juntos? persiguiendo el fin est?tico, me deja toda la libertad para crear y recrear el pasado.

Por otra parte, ni el historiador m?s meticuloso y documentado puede eludir alguna trampa de ese ejercicio de reconstrucci?n ideal. Los mismos documentos que le sirven de fuente pueden tener datos adulterados de buena fe. La buena fe es casi siempre la primera v?ctima de la fe.

Con esto no niego la historia, simplemente la pongo entre los par?ntesis que nos suger?a don Edmund Husserl, como medida cautelar.

En el marco de este sub-sub-g?nero de la ficci?n hist?rica se adquiere otra relaci?n entre los hechos y los personajes. El personaje est? all? para crear la historia que lo contiene y a la que terminar? desbordando porque el autor no est? en ese pasado referido, est? viviendo sus consecuencias, sus efectos y defectos, pero la causalidad hist?rica no es cuesti?n de matem?ticas donde 3 x 5 = 15.

La multiplicaci?n de variables facilita la instalaci?n de nuevas percepciones de aquellos hechos, de novedosas interpretaciones de esos hechos, de nuevas formas de referirlos, de nuevas estrategias para significarlos: ?Jo?o VI? huy? de Napole?n como cl?sicamente denuncian los historiadores de un lado y otro del Atl?ntico? ?No habr? querido ser m?s t?ctico que los Borbones? ?No habr? visto una nueva posibilidad pol?tica en su ?nica pero inmensa colonia sudamericana? Los efectos pr?cticos de esa traves?a est?n escritos a piedra y fuego en el Brasil contempor?neo.

Creo que imaginar un prop?sito en la mente del rey est? m?s cerca de la causalidad que exige la po?tica que la resignaci?n de pensar que fue un t?tere de las circunstancias obrando confusamente. Por otra parte, en la novela, la discusi?n central de Jo?o es la historia. Todo el debate con los acad?micos que se escandalizan al ver que arroja desaprensivamente al mar los documentos del real archivo que a su juicio sobran en el balance pol?tico de Portugal-Brasil.

Mi idea era continuar la historia con la 2da parte ?Don Juan de Brasil? en la que pondr?a al monarca a revisar los informes oficiales provenientes de cada uno de los 9 estados que conformaban el Brasil de su tiempo: la revoluci?n de Tiradentes, la explotaci?n de caf?, las historias del sert?o, las misiones jesu?ticas de Paran?, en fin, el huidizo mapa narrativo de un imperio que amanec?a con la instalaci?n de la metr?polis en suelo americano.

Por desgracia mi trabajo no me deja suficiente tiempo para disponer de esos datos y sentarme a escribir esas historias para, como dec?a P. Ricoeur, ?explicarme a m? mismo esa realidad desconocida y fascinante que se llama Brasil?.

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Alejandro Maciel.

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Publicado por talomac @ 21:01  | Literatura
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