S?bado, 18 de diciembre de 2010

La soledad del deseo

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No s? qu? le habr?n contado se?or pero quiero aclararle que en el local donde trabajo como regenta hay palabras que nunca se dicen, que est?n de m?s, usted habr? visto que muchas veces la gente dice cosas impropias, nadie con dos dedos de frente puede hablar de ?felicidad? o de ?fiesta? en un velorio, en ese cabaret donde trabajo tampoco se pude mencionar ning?n aspecto del puter?o, para empezar la palabra ?puta? est? proscripta, a las 70 pupilas d?scolas que est?n bajo mi tutela se las llama ?animadoras?, los tres rufianes que vigilan el orden son los ?supervisores?, el mismo due?o, un calabr?s zafio, grueso, vociferante, ladino y m?s materialista que Marx y Engels juntos es ?el Gerente?.

En la casa nos guiamos por esa m?xima de Maquiavelo que anuncia que quien no sabe disimular, no sabe gobernar. Los clientes pueden decir lo que les venga en ganas, ellos pagan para eso, para sacar afuera la fiera que todos guardamos entre rejas pero los que cobramos tenemos el sagrado deber de mantenerla domada bajo dos vueltas de llave.

Mi abuelita, que era analfabeta pero no imb?cil, siempre dec?a que lo importante es comprender el sitio que corresponde a cada uno antes que se cambien las barajas del juego.

Mis disc?pulas, estimado se?or, no se largan a la chacota como si fuesen rameras del puerto. Ellas bailan.

Est? bien que eso me trae sus buenos disgustos; el Gerente hace publicar avisos en el peri?dico solicitando bailarinas para hacer carrera, as?, escuetamente. ?Y qui?n piensa usted que son las primeras que se presentan? Las chicas de provincias, se?or, que est?n necesitadas de dineros, ellas acuden ilusionadas porque en sus pueblos aprendieron danzas folkl?ricas en alguna academia barrial, pero, dir? usted y con raz?n ?para qu? querr?a yo una bailarina de chacareras o malambos en un cabaret? No, se?or.

Yo necesito bailarinas de ca?o, muchachas desprejuiciadas que sepan llevar el ritmo de las hormonas como si fuese una partitura.

El Gerente me facilita una maestra de danzas er?ticas que las hace practicar con lencer?a. No falt? alguna rebelde a quien hubo que arrancar las polleras de cretona con flores de ceibo a los tirones, ?qu? creen estas chinas, que la casa es una pe?a?, gritaba el calabr?s cabr?n, arranc?ndole las trenzas postizas a una tucumana que insist?a en bailar zambas.

La pobre docente se mata d?a y noche adiestr?ndolas en el divino arte del erotismo; porque en el cabaret se llega hasta la puerta del sexo, se?or, pero no se entra. Yo tengo las llaves. Si se diera la ocasi?n, si alguna m?s astuta que las otras decidiera forzar la cerradura, la clientela confundir?a nuestra casa con un vulgar burdel y no se trata de eso.

Es cuesti?n de sintaxis se?or, ya s? que no soy una acad?mica de la lengua para salirle con precisiones de diccionario, pero cada cosa en su lugar.

En el cabaret, se?or, se insin?a. Ah? est? el negocio, la compraventa, ?la utilidad del servicio que ofrecemos, la renta dir?a Marx. Si nos dej?semos arrastrar por la marea sexual acabar?amos con el anzuelo y el pez al mismo tiempo. No, se?or. Traspuesta las puertas de este templo, olv?dese de su pr?stata, resigne su erecci?n.

El cabaret es un santuario de la imaginaci?n, las animadoras son las sacristanas, la liturgia es el baile que simulan para excitar su orgasmo, s? se?or, igual que la mujer, el hombre tambi?n puede alcanzar la plenitud sin el auxilio de la carne, somos seres simb?licos, me lo dec?a la Maestra de yoga t?ntrico. De ella aprend? m?s que de mi abuela, mi madre y mi hija todas juntas.

La ?Maestra me dec?a que uno ocasiona sentimientos en otro, ese otro en otros y as? en una cadena de causas que nunca termina, pero cuando usted junta todas las causas que le hicieron llorar, pensar, re?r y temblar de terror, cuando junta todos esos motivos de sus dichas y sus pesares, eso se llama destino. ?Vio, se?or, ad?nde quiero llegar?

La Wilma, por ejemplo, y tenga en cuenta que contar cada oveja de un reba?o donde tiene 70 animadoras, no es f?cil. Pero la Wilma me viene a la cabez en este momento porque fue causa de un disgusto. Una noche lleg? tarde para la preparaci?n, no se crea que las animadoras llegan, se desvisten y salen a la pista, no se?or. Necesitan preparaci?n, tengo cuatro azafatas que fueron animadoras y ya est?n retiradas porque este oficio es tan duro con la carne como con el alma, no tiene una pizca de piedad humana. Llegan a los 30 y parecen de 50 y el Gerente les liquida el sueldo y si quieren apelar, aparece un contrato que nadie recuerda haber firmado pero que dice s?lidamente que la fulana renuncia a su trabajo sin reclamos salariales. Y como le dec?a, Wilma no llegaba.?

(contin?a...)

alejandro bovino maciel, dic. 2010

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Publicado por talomac @ 0:59  | Literatura
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