Domingo, 21 de marzo de 2010

RECONCILIACIONES CONCILIARES



Según nos lo cuenta mi colega el médico Lucas en los “Hechos de los apóstoles” el primer concilio se reunió en Jerusalén (Hechos, capítulo XV), el último, vigésimo primero, llamado Concilio Vaticano IIº, lo inauguró el papa Juan XXIII el 11 de octubre de 1962.

¿Qué es un concilio ecuménico?

Es una asamblea universal convocada por el papa para resolver cuestiones doctrinales de la Iglesia católica. En su larga historia la Iglesia enfrentó preguntas que resolvió reuniendo al colegio de cardenales, patriarcas, primados, arzobispos y obispos de todo el mundo aún aquellos pastores sin rebaños: los obispos titulares con diócesis en países infieles como el obispo de Mongolia o el de las islas Fidji. Toda esa noble asamblea es convocada por el papa para analizar un orden del día que también propone el Sumo Pontífice para debatir artículos de fe. Sin embargo las conclusiones conciliares no son vinculantes, el papa sólo las recibe a título consultivo ya que la última palabra en temas de doctrina siempre la tiene el papa, amparándose en aquella frase del Cristo cuando dijo a Pedro, el primer Papa: “Yo te daré las llaves del cielo, todo cuanto atares en la tierra, atado será en el cielo; todo cuanto desatares en la tierra, disuelto será en el cielo”.

En cambio el sínodo es un concilio de obispos para tratar dietas de orden práctico o dogmáticas, las que necesitan de la anuencia del papa para tener vigencia doctrinaria.

Hace veinte siglos el cristianismo viene siguiendo las pistas de un crimen perfecto. El asesino es Dios. Aunque intentaron explicármelo párrocos, monseñores, diáconos y arzobispos, nunca conseguí comprender por qué razón Dios Padre haciendo morir a su Único Hijo de un modo infamante pudo purgar los delitos del vecindario. ¿Acaso sirvió de lección para el futuro? ¿Acaso pagó toda la deuda del pasado? La historia del Occidente a partir del primer siglo me desmiente la primera pregunta, que se indulte a Herodes de la matanza masiva de niños me alarmaría como respuesta a la segunda pregunta.

Tengo fe que de nada sirvió. La misma Iglesia que dejó el finado sembró el terror de la Inquisición, las Cruzadas y las guerras de religión cuando tuvo el poder en sus manos. ¿Para qué murió en la cruz entre dos delincuentes este pobre hombre? Nadie lo sabe. Repetimos sin pensarlo demasiado que esa sangre lavó los pecados. Nunca podré comprender el valor del asesinato para resolver las cuestiones pendientes: sólo la mafia y las dictaduras pueden pensar que matando a una persona se extingue un peligro.

 

El primer concilio al que los historiadores llaman “número cero” lo presidió el apóstol Simón Pedro y se reunió a instancias de Pablo de Tarso. Este protoconcilio de Jerusalén, modelo de los concilios posteriores, figura en los “Hechos de los apóstoles” del Nuevo Testamento y se convocó para resolver una moción planteada por Santiago el Menor, uno de los doce apóstoles, quien pretendía imponer la circuncisión y las prácticas culinarias judías a los gentiles que se convertían a Cristo. La digna asamblea resolvió que para ser cristiano bastaba con abstenerse de comer carnes dedicadas a los ídolos y repudiar la poligamia.

(Fragmento de "los sueños de la eternidad en el tiempo"


Tags: concilios ecuménicos, concilios, sínodos, historia de los concilios, alejandro maciel

Publicado por talomac @ 16:13  | an?lisis racional de las
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