S?bado, 22 de marzo de 2008

NOCHES ÁTICAS, SUEÑOS GRIEGOS

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A Ignacio Martínez Paiva, mi único hijo.

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En la antigüedad había más tiempo ocioso en las ciudades y los habitantes de, por ejemplo Tebas, no necesitaban correr detrás del tranvía rumbo a la oficina. En los lánguidos atardeceres de Egeo se contaban unos a otros los sueños que en los mercados  interpretaban oniromantes ambulantes a cambio de monedas. El solitario de Éfeso
[1] hizo una observación que hasta hoy nos asombra; “despiertos, el mundo es público, de todos; pero al dormir somos los dueños del mundo que creamos”. Aunque no se ajuste estrictamente a la realidad[2] el pensamiento sigue siendo estéticamente bello, halaga los sentidos que están más allá de los cinco. En la vigilia el alma alerta se mantiene ocupada en las funciones corporales pero una vez dormidos es dueña de una casa sin trabas porque al cerrar las puertas y ventanas de los sentidos puede, como lo hace el eremita que se retira al desierto, concentrarse en sí misma. “Mientras el cuerpo duerme, al alma trafica símbolos”, sugiere. Volvemos a la imagen que me persigue en sueños: San Jerónimo y el león en la cueva del desierto de Belén es para mí el modelo platónico de lo que debería ser el escritor aislado en el páramo, con la bestia de los deseos dormida a sus pies y escribiendo impasible en la soledad de una caverna.

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En la monumental “Ilíada” cuando Zeus necesita comunicar una advertencia al rey Agamemnón utiliza al difunto Néstor como emisario
[i] apareciéndosele confundido entre las sombras de la noche, (sombra entre las sombras) advirtiéndole que es “un mensajero de Zeus” como después el arcángel Gabriel será el mensajero de Yahveh. Otras veces el dios Hermes (Mercurio de los romanos, de pies alados y volátil rebajado después por los pragmatistas liberales a cadete de la Bolsa o acaso agiotista) mediador de los sueños se aparece al soñante; o esto puede ser interpretado al revés siguiendo las enseñanzas de los órficos y pitagóricos: al dormir, el alma se fuga provisoriamente de la tumba que es el cuerpo y puede visitar libremente el mundo de los dioses tal como nos lo advierten Homero[3], Esquilo[4], Eurípides, Píndaro[5] y Jenofonte[6]. Si esto es verdad la oniromancia tiene tanto prestigio como el psicoanálisis ya que se convierte en una comunicación sagrada tan temible cuando advertía catástrofes que debía conjurarse por medio de sacrificios a los dioses apotropásicos.

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Eurípides hace decir a la vencida reina de Troya, la augusta Hécuba, “¡Tinieblas de la noche! ¿Por qué cada oscurecer me vienen a llenar de terror? ¡Tierra sagrada, madre de cuantos sueños que revolotean con alas negras!
[7] De manera que los sueños son hijos de la Tierra, germinan de ella como la simiente en la humedad. Aristóteles comparaba a los sueños con las imágenes reflejadas en el agua: cualquier movimiento las distorsiona creando fantasmas a partir de un objeto real.

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En “El Banquete” de Platón participa una extraña visita que debate entre filósofos y es uno de los pocos ejemplos en los que la Antigüedad reconoce a la mujer un plano de igualdad para discutir con hombres ilustres. Diótima opina allí que los sueños son provocados por démones. “Deben provenir de ellos” deduce después Aristóteles ya que “si vinieran de Dios sólo soñarían los hombres probos y es sabido que los peores canallas también sueñan”.  

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Los estoicos dividieron los sueños según esta curiosa escala acorde a su procedencia:

a)     Sueños que vienen de Dios

b)    Sueños originados por demonios

c)    Sueños provenientes del alma humana

Ignoro las bases en las que asentaron sus teorías acerca de las fuentes oníricas pero dentro de sus mellizas correspondencias entre el macrocosmos del Mundo y el microcosmos del alma no veían objeción alguna para una continua comunicación entre el Cosmos y cada persona de la que los sueños eran una expresión renovada noche a noche. Según el finado Posidonio de Rodas el componente divino del alma puede conocer por sí mismo el futuro en virtud de su naturaleza; además, agregaba como si fuese algo tan obvio que no fuese necesario recordarlo “todo el aire está cargado de espíritus que conversan con el alma” y lo que ya es sabido, “si quieren, los mismos dioses pueden hablarnos mientras dormimos” en un acto de rufianería onírica sorprendente. Por lo que cuenta gente que ha dormido a mi lado, tal vez los dioses se mantengan mudos pero yo me pongo muy conversador al cerrar los ojos. No recuerdo haber hablado con Jahveh, Júpiter ni Alá. Es bien sabido que dioses subalternos o sus cadetes usurpan el trono del cielo y seguramente ellos platican en las noches con mi menguado espíritu, si es que lo tengo.



[1] Heráklito, fragm. 17.

[2] Pensemos por ejemplo en una pesadilla que nos tiene atrapados, ¿nosotros creamos ese ámbito siniestro para sufrir en lugar de descansar  pacíficamente soñando delfines, anémonas y libros?

[3] Ilíada, X, 496; Odisea XVI, 21-25 y XX, 32.

[4] Esquilo, Prometeo, 496.

[5] Píndaro, fr 116.

17 Jenofonte, Ciropedia, 8, 7.

 

 

[7] Eurípides: Hécuba, 70 ss.



[i] Ilíada, II, 26.


Tags: significado sueños, Hécuba troyanas, los estoicos y los sueños, alejandro maciel

Publicado por talomac @ 12:00  | Literatura
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