Martes, 20 de marzo de 2007
DI?RIOS DE UM REI EXILIADO (EL REY PR?FUGO) novela de alejandro maciel

En noviembre de 1807 las tropas napole?nicas al mando del general Andoche Junto sitiaban Lisboa. La reina de Portugal, Mar?a I? embarca toda la Corte en 39 naves y cruza el Atl?ntico para evitar que el Gobierno cayera en manos de Napole?n Bonaparte como ya hab?a sucedido en Espa?a.
Esta fabulosa traves?a durante la cual la reina Mar?a enloquece y debe ser encerrada est? narrada en tono de ficci?n hist?rica en la novela "El rey pr?fugo" que se public? en portugu?s como "Di?rios de um Rei exilado" en Sa? Paulo, Brasil, 2005 Editorial Landmark.
?Qu? signific? para Sudam?rica este acontecimiento? ?C?mo gener? una conciencia de unidad tan temprana en un Brasil que se fue expandiendo? ?Qu? vinculaci?n tiene con el Imperio de Pedro I? Son preguntas que los historiadores responden sin un acuerdo un?nime. Y se las dejo al lector como legado...

Fragmento del cap?tulo 10:

EL OR?CULO DE PORTUGAL

?Qu? es esto, Antises? ?Se te ha dado por exhumar ep?stolas de los Avis? ?Patra?as de Enrique al pobre de Gil Eanes!, puras j?caras y embuchados del pr?ncipe que se apellid? ?El Navegante? y jam?s cruz? un arroyo en una balsa el muy bandido. Arm? en el promontorio de Sagres una fortaleza~escuela pero obsesionado por las ?mugeres de Cipango? con dos bocas.

?...Las tierras de Cipango?. Toda la historia est? como infestada de leyendas. No puede uno andarse sino a tientas, entre mentiras e invenciones, fablando e fabulando al mismo tiempo. Mi protopariente Enrique el Navegante, valga de mal ejemplo, nunca naveg?. Sus naumaquias se reduc?an a escaramuzas entre barquichuelos hechos de nuez en la tina de ba?o. Si bien fund? la Escuela en Sagres, el muy bellaco ni siquiera cruz? el Tajo en una chalupa y se arrog? el titulazgo de las artes n?uticas como apellido cuando ni de nombre le hubiera servido en medio de esta mar inh?spita, llegado el caso. Tal vez sea la puesta en pr?ctica de lo que dijo el finado Blaise Pascal de Clermont: ?para filosofar, hay que burlarse de la filosof?a?. Enrique, en tierra firme navegaba por el Oriente. Estaba enajenado por los relatos del delirante v?neto Marco Polo; no tanto por la pimienta y el cardamomo como gustan florigear las cr?nicas hist?ricas de los acad?micos, sino por las "mugeres de Cipango, ?nicas en el mundo con cuatro labios, dos en su sitio y dos en la entrepierna, apaisados aunque mudos: es sabido que tienen la zanja atravesada en vez de un tajo vertical como las mugeres de aquestas villas", escribe el viejo villano. Esa boca p?lvica y horizontal por donde pod?an gritar el estro manten?a en vilo y hasta insomnio al rey. Envi? cuadrillas de exploradores a los cuatro vientos de la rosa obsesionado por las bocas inferiores, so?ando con hacer a un mismo tiempo un coito y una fellatio.
"Id al conf?n de los mares si es preciso, pero volved con las mugeres de dos bocas a traviesa, la una para hablar, la otra para la coyunda" ordenaba el vejete a cuanto capitanejo comisionaba para explorar las inmensidades acu?ticas.

El mar te ha mareado, Antises. Pasamos de un salto desde el Paleol?tico al siglo XV cuando la toma de Ceuta que envalenton? al ?Navegante?. ?Por qu? no incensar sin cesar la mar quemando la carta seguramente ap?crifa? ?Ves, c?mo asciende el humazo de las palabras incendiadas? No resisten la ordal?a del fuego divino; hizo bien su trabajo mi herrero ?gano, tambi?n cojo como Hefesto, al fundir este infiernillo~atanor destinado a destilar la verdad. Caen en ?l los folios y r?pidamente los va carcomiendo el tiz?n que arde en el centro sin terminar jam?s su consunci?n, como el magma en el coraz?n de la tierra. Esta larva de lava incandescente va lavando la opacidad de las mentiras y las verdades escritas a medias. ?nicamente respeta lo indiscutible. Lo que restar? de las cr?nicas de Portugal una vez que hayamos expurgado las leyendas del poder.
Hay que seguir un orden, Antises. Aunque en tus cuevas anatolias reine el desorden de los laberintos, aqu? necesitamos un solo curso para el r?o del pasado. Vamos desde los or?genes hasta la Casa de Borgo?a, la primera dinast?a de gobernantes de Portus-Calle. Despu?s vienen los Avis y reci?n entonces nos encontraremos con Enrique el Navegante; por ahora la carta hol?grafa a Gil Eanes qued? an?nima. Ya pertenece al nunca m?s, al lento trabajo del olvido royendo como un gusano los recuerdos que no merecen la historia. Despu?s de la Casa de Avis, vienen los Braganzas. En ese orden, Antises. Ni antes ni despu?s: ya que estamos fuera del tiempo, respetemos los hechos que est?n dentro del tiempo. As? vamos all?.

El pintor Delerive me encuentra en el puente de proa.
?Majestad, ya lo tengo!, exclama como si fuera Arqu?medes~siracusano. La funci?n de estreno de la ?pera ser? al atardecer, en las luces fumosas del crep?sculo formaremos una ronda con las naves para instalar la balsa~escenario en medio del c?rculo. Los sirvientes echar?n candelas de sebo en el mar. Se suma el cocinero Alc?ntara, liposo y amanerado cimbre?ndose a diestra y siniestra con un cuchar?n en la mano. ?Miles y miles de luces fosforeando en medio del mar, Majestad!, agrega el chef mofrado con toda forma de retorcimientos en los gestos. Ignoro el lazo que une al pri?pico y el cocinero, pero no es dif?cil imaginar que andar? por los bajos vientres. El pintor Delerive es capaz de transar el comercio carnal con una bestia con tal de mejorar su condumio. Por la carne entrega la carne. Diz el conde~camarero que Alc?ntara se ha convertido en el terror de due?as y sirvientas porque de noche recorre la cubierta buscando las lencer?as colgadas a secar para travestirse como gran dama de honor del cortejo de Carlota. Se lo ha visto de cuando en cuando, abanic?ndose lo m?s campante a la luz de la luna, sentado~a en un taburete suspirando hondo contra el inquietante sofoco del mar.

Tags: Diários Rei exiliado, Joaõ VIº Bragança, Reino de Brasil, Andoche Junot, Casa Bragança, Portugal, Brasil 1808

Publicado por talomac @ 11:46
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