Lunes, 27 de julio de 2015

Antes de iniciar este escrito se hace necesario precisar los términos que han de utilizarse para referir hechos concretos.

Para los fines del escrito, “prostitución” es el ejercicio del comercio sexual con fines crematísticos, vale decir, el uso del sexo para conseguir dinero a cambio.

“Dilema” se refiere a una situación de encrucijada del pensamiento que debe optar por “A” o por “B” que son dos caminos moralmente opuestos. Por ejemplo, en el contexto de una guerra: A) ¿matar es un deber? B) ¿respetar la vida es un deber? Se piense lo que se piense A) y B) son alternativas antagónicas, no se puede obedecer una sin desobedecer automáticamente la otra.

“Ética” es la disciplina que se ocupa de la moral. La moral deviene de la palabra “mores” que en latín significa “costumbres”. La ética inicialmente entonces es el estudio de aquellas conductas humanas deliberadas que son aceptadas o rechazadas por el medio social en el que vive el individuo[1], que ha sido definido por Aristóteles como “el animal social”[2]. El ser humano no puede desarrollarse plenamente aislado de los demás[3]. Necesita esa convivencia, pero al mismo tiempo, la comunidad fija normas y leyes que establecen qué conductas son aceptadas, qué conductas son rechazadas y  cuáles conductas son rechazadas y sancionadas por medio de castigos (cárcel, indemnizaciones, etc).

Vista desde esta perspectiva, la ética vinculada a la prostitución podría dividirse previamente en dos grandes campos

1)      La ética vista desde el interior del fenómeno de la prostitución

2)     La ética ciudadana del respeto, vista desde el afuera y como ejercicio crítico de un accionar voluntario y libre.

Para los fines de este pequeño ensayo, la ética vista desde lo interno juzga varios aspectos que suponen objeciones a la prostitución, como por ejemplo, la vida marginal que se ven obligados a llevar quienes practican habitualmente ese negocio que, al no estar debidamente regulado por las leyes, siempre cae en una zona de penumbras donde deberes y derechos quedan mutuamente anulados o sobrepasados. La misma forma violenta de reclutamiento de organizaciones criminales que gobiernan el negocio de los burdeles de fronteras (los sonados casos de trata de personas), los infinitos modos de coacción que sufren mujeres y hasta menores para consentir el ejercicio de la prostitución, el escaso margen legal que tienen los usuarios, el déficit sanitario del ejercicio colectivo y clandestino, que expone a usuarios y clientes a enfermedades infecto contagiosas, algunas de ellas de tipo letales como el HIV. Ahondando en profundidad y ya desde una visión teológica cristiana, la perversión del uso del cuerpo que supone, según Santo Tomás de Aquino[4], esta práctica de la sexualidad poliándrica fuera de los fines reproductivos que le asignara Dios en la Biblia[5].

Para analizar algunos aspectos de la ética ciudadana en relación al respeto por los demás, antes necesitamos hacer una abstracción. Imaginemos una situación ideal de una mujer (u hombre) mayor de 20 años que decide libremente, sin coacción alguna de ninguna índole dedicarse al ejercicio de la prostitución. Esta persona usa su libertad para escoger sin condicionamientos externos esa tarea.

Antes de dar por sentada esta situación ideal, tengamos presente que la ética, tal como lo adelantamos, siempre supone dilemas. Las personas somos libres de elegir, pero esa elección implica responsabilidad. Se puede elegir bien o mal. Para la ética ciudadana, una elección es buena, está orientada al bien común cuando elimina conflictos.

En el libro ya citado de “Ética: dilemas y convergencias” Ricardo Maliandi expone taxativamente que éticamente es malo “todo lo que se opone a un principio consagrado socialmente” y también “todo lo que tiende a mantener un conflicto, no a resolverlo”[6]

Es preciso desarrollar esta idea. En cualquier sitio del planeta, en cualquier tiempo histórico, el robo está considerado un delito. Si aceptáramos el robo como algo normal estaríamos dentro del campo de lo éticamente malo, porque esta situación contraría y se opone a “un principio consagrado socialmente” que considera siempre y en todo lugar el robo como algo dañino para la sociedad. Por eso mismo, también es malo en el segundo sentido, porque aceptar el robo como algo natural supone mantener un serio conflicto entre partes (el ladrón y su víctima) ya que sería imposible poner de acuerdo a esas dos partes que tienen intereses absolutamente opuestos: el ladrón quiere conservar los beneficios de su pillaje, la víctima quiere recuperar ese bien que le es propio.

En la situación ideal que planteáramos (una persona mayor de edad, legalmente habilitada, es decir que no tiene taras mentales que le impidan tener claridad de juicio para comprender la consecuencia de sus actos) la prostitución arrastra toda una carga de juicios y prejuicios religiosos que es necesario apartar ya que el Estado que regula las relaciones sociales es laico por definición constitucional. Esto significa que dentro de las iglesias ese uso de la prostitución puede ser reprobado pero en el dominio de lo público estas consideraciones se minimizan ya que no están sujetas a las restricciones y normativas confesionales.

Eliminadas las consideraciones morales de índole religiosas, se impone a la conciencia ciudadana respetar el libre uso de la libertad para operar en el sentido de utilizar la prostitución como medio de vida, entretenimiento o placer ya que esto no afectaría la convivencia social en su esencia. Dentro de la nómina de los valores éticos, la libertad está por encima y es soberana respectos de valores subordinados. Esto lo explica claramente Rudolf Steiner en su obra “Filosofía de la libertad”, de 1946. En esta obra nos advierte que el libre albedrío, la libre facultad de elegir entre varias opciones, tiene un componente cognitivo, es decir, intelectual. Antes de pasar a la acción (comportamiento) dice Steiner, el ser humano hace uso de dos facultades intelectuales que le son propias: la observación de la realidad y el pensamiento que planifica la acción a realizar. Antes de tomar una decisión (dedicarme a la prostitución para este caso) primero valoro en el mundo externo de la realidad qué ventajas y qué desventajas supone tomar este camino. Y recién después de hacer estas ponderaciones, tomo la decisión de ir hacia una u otra dirección. Los estoicos (Séneca, Epicteto) definían a la libertad como la capacidad de “disponer de sí mismo”. I. Kant por su parte pensaba que la libertad es el bien supremo de los seres humanos, porque únicamente en un contexto de libertad éste “puede desarrollar plenamente todas sus potencialidades”[7].  De manera que, para desarrollarme plenamente según todas mis posibilidades debo poder disponer de mi mismo sin ninguna condición o presión ajena.

Por esta razón, en el contexto de la ética ciudadana, se impone respetar la libre decisión de una persona que –libremente- decida dedicarse al ejercicio sexual como forma de vida. Si yo coaccionara a esa persona, si la expusiera a humillaciones, burlas y ludibrio por el solo hecho de no compartir su criterio yo estaría incumpliendo con normas básicas de convivencia ética, ya que estaría reprimiendo su libertad.

 ALEJANDRO BOVINO MACIEL


 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Maliandi, Ricardo, “Ética: dilemas y convergencias”, edit Biblos, Buenos Aires, 2006. Introducción.

[2] Aristóteles “La Política” cap. II

[3] Aristóteles, “Etica a Nicómaco” cap I

[4] Santo Tomás de Aquino “Summa contra gentiles”, capítulo III Pecados capitales: lujuria.

[5] Libro del Génesis 1:28 ; 2:18 y ss.

[6] Maliandi, Ricardo “Etica: dilemas y convergencias”. Edit Biblos, Bs As 2006, capitulo II “Identidad, diferencia y convergencia”

[7] I. Kant, “Crítica del Juicio”, cap. 3


Publicado por talomac @ 1:13  | Literatura
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