S?bado, 06 de junio de 2015

REVOLUCIÓN DE MAYO 

EL SÍNDICO CÍNICO

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Cuando don Julián redactó un oficio a Cisneros pidiéndole la renuncia asomó por la ventana para clavar sus ojos estrábicos en esa inquietud sin sosiego que iba y venía por las calles y la Plaza sin dejar de mirar el Cabildo. Esperaba la respuesta fumándose un puro cuyas cenizas dejaba caer de tanto en tanto formando un montículo canoso sobre la tabla de la mesa. Nadie hablaba en voz alta. Entró don José de Vázquez sacudiéndose la mojadura de la llovizna persistente de la capa para avisar que algunos revoltosos discutían en la calle acerca de la poca confianza que les merecían los capitulares en quienes habían depositado el poder y terminaron, dijo don José abriendo los ojos como quien descubre un tesoro, traicionando el mandato ¡Y lo quieren recuperar!, alegó.

¿Qué quiere recuperar quién?, preguntó don Julián de Leyva como movido por un tornillo puesto sobre la calvas sienes.

Quieren recuperar el poder depositado en vuestras potestades.

¿Quién lo quiere recuperar?, volvió a saltar don Julián como si la ofensa le hubiese dado una patada en el traste.

El pueblo, ¿quién va a ser?

¡Pero también usted, don Pepe, habla del pueblo como si fuese su compadre! ¿Quién es el pueblo que le dijo tal? ¿Acaso esos negros rotosos que no dejan de tamborear allá en la esquina?, preguntó ofuscado don Julián señalando a través del ventanal un punto de la Plaza.

Vea, dijo un poco más cauto don José de Vázquez, escuché a varias personas discutir este asunto, rotosos y elegantes, la verdad que no ando observando los atuendos don Julián, trato de comprender lo que se discute y lo demás me tiene sin cuidado. 




Publicado por talomac @ 19:03  | Literatura
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