Mi?rcoles, 25 de septiembre de 2013

“ENERO. LOS PERROS DE DIOS”

Y LA NARRATIVA REGIONAL

 

Cuando empecé a leer detenidamente la narrativa correntina de corte regional, ambientada en la zona rural, encontré los maravillosos cuentos de Velmiro Ayala Gauna, Ezquer Zelaya, Gerardo Pisarello de Saladas, Nilda Rosa Nicolini de Curuzú Cuatiá, Saturnino Muniagurria de Goya y Efraín Maidana. Todos estos autores comparten la ambientación en el interior, las llanuras salvajes de ese Corrientes intenso de siestas, los esteros y aguadas como espejismos, los arenales que van avanzando sobre ranchos y caminos como si quisiesen asfixiar las señales de la civilización.

Si bien este abanico de autores comparten la ambientación natural del campo correntino, cada uno traduce a su manera los diversos aspectos de ese complejo ecosistema humano que es el campo correntino. No obstante, en casi todos ellos se observa el uso de ciertos recursos narrativos que se van reiterando. El primero, la descripción casi folklórica de atuendos y costumbres rurales con una veracidad de corte hiperrealista. El segundo, el trasfondo mágico de causas y efectos, lo que yo llamo el “deux et máchina” de la tragedia griega trasladado al campo correntino: cuando los personajes se hallan atrapados en situaciones que no tienen salida racional, interviene alguna fuerza sobrenatural o “mágica” (desde la aparición de santos, a la resurrección de finados) para resolver el conflicto. El tercero, la fijeza de los roles: mujeres abnegadas y hombres pendencieros que andan con el cuchillo en ristre para jugarse en un duelo por cualquier motivo.

 

Antes de terminar la carrera de Medicina, allá por los ’80, en la UNNE nos imponían una especie de residencia trimestral en algún hospital del interior y me tocó en suertes la ciudad de Caá Catí donde viví los tres meses prescriptos por la UNNE, en el Hospital San Vicente de Paul, si mal no recuerdo.

En noches de verano sofocante, habiendo padecido y compadecido los infortunios diarios de la pobreza de muchas de aquellas personas que pasaban por el hospital, empecé la redacción de unas hojas sueltas acerca de la vida de tres adolescentes que viven entrampados en un pueblo sitiado por la soledad; seguramente débil reflejo de ese Caá Catí que estaba viviendo y percibiendo.

Muchos años después volví a encontrar esos ya ajados manuscritos y los pasé a un texto en la computadora. Pero por extrañas razones, publiqué 10 libros y éste quedó relegado. El año pasado, cuando viajé a Paraguay para presentar el libro que acababa de publicar (Teatro Político-1) la editora me pidió un texto para estudiantes del ciclo secundario, preferentemente narrativa. Buscando en los archivos di con ese viejo relato del viejo Caá Catí y al volver a leerlo comprobé que había realizado una obra (que puede ser buena o mala no estoy juzgando calidad) original porque encaré la narrativa regional desde otra óptica totalmente distinta a la que se venía desarrollando en Corrientes con los autores/as que mencioné y otros epígonos contemporáneos que siguen la misma línea. La lectura no me decepcionó, cosa que me sucede muy a menudo cuando leo textos míos, y decidí pedirle a una  catedrática de la UBA y gran amiga (tan noble como sincera) que me dijera su opinión. Susana Santos no solo opinó sino escribió el prólogo de la novela que se llama “Enero. Los perros de Dios”, un título complejo pero que tiene su justificación en la lectura de la obra.

La novela fue recientemente presentada, el 8 de agosto pasado en la Casa del Bicentenario de Asunción, Paraguay, por parte del Director de la misma, el crítico y escritor paraguayo Osvaldo González Real.

 

El prólogo de la obra es de la profesora Susana Santos, titular de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Referida a la novela "Enero. Los perros de Dios", editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2013.




Publicado por talomac @ 21:07  | Literatura
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