Lunes, 07 de noviembre de 2011

CUANDO SOBRAN LOS OJOS

 

Desde que el teatro desertara de los altares de Dionisio, en la Magna Grecia, ha pasado por largos y complejos procesos de cambio, que van desde criterios de puesta, enfoques textuales y paratextuales, la dilución paulatina del argumento, las modernas técnicas de despliegue escénico, los efectos que aportó la moderna tecnología audiovisual y la intrusión más o menos calibrada de elementos que eran ajenos a la escena: piscinas, animales, acrobacias. Pero todos estos cambios se fueron dando en el escenario, en la puesta, en el texto que precede a la acción dramática en sí.

El Centro Argentino de Teatro Ciego ha puesto el énfasis en el espectador, no en la escena. Habilita una sala donde, ya se nos advierte, nada veremos porque está total y absolutamente a oscuras. Se trata de privarnos por una hora del sentido-guía (la vista) que usamos para subordinar a los demás sentidos bajo su imperio casi tiránico. Como anticipara el actor que nos ingresa a la sala oscura, “nunca somos absolutamente dueños de nada, especialmente de lo que percibimos” y esta experiencia del plazo de ceguera que nos exigen para asistir a la función de la obra “El infinito silencio” va confirmando muchas de nuestras antiguas sospechas: el mundo que creemos tan contundente y real, puede ser solamente una construcción de nuestra mente, servida por esclavos rebeldes como nuestros ojos, el oído, el olfato, el gusto y todos los sentidos que agrupamos bajo el nombre genérico de “tacto”, aunque allí se incluyan desde el calor al dolor.

Los actores Claudio Sánchez, Charlie Gerbaldo, Gerardo Bentani (algunos de ellos son ciegos/as), Javier Roson, Luisa Savoiardo, Mirta Lezcano, Sabrina Heisecke, Vanesa Boroda y Fernanda Rodríguez da Silva dan vida sonora a la familia del poeta Amancio Figueroa. Sabemos que viven en un pueblo del interior y que, como sucede en tantísimas familiar, los hijos no se parecen a los padres. Tampoco el perro que anda de aquí para allá, roza de cuando en cuando a un espectador indefenso (es increíble la sensación de indefensión que sentimos quienes tenemos alguna tara obsesiva al privársenos de la vista, órgano esencial para el control que necesitamos mantener vigilante sobre el medio que nos rodea), y hasta jadea a un costado; así como acechan el olor de café y perfumes que se cambian toda vez que la familia realiza esos pequeños rituales domésticos, la llovizna que nos roza cuando viene un aguacero que sentimos salpicar por techos y desagües. El pater familia es un escritor que trabaja como periodista y que en un medio limitado como un pueblo, sufre constantemente la presión de la mujer y los hijos que necesitan todas las utilidades que el consumismo nos hizo creer que son imprescindibles para vivir. El poeta decide permanecer fiel a sus convicciones morales. Los hijos estallan en luchas estruendosas, la familia como institución amenazada cede un paso adelante pero retrocede diez, según la óptica desde donde se juzgue la situación; porque, aunque ciegos, el autor nos induce a tomar decisiones internas. Esta es la otra virtud de obligarnos a la ceguera: uno se embarca en un doble juego. Se aceptan las premisas de todo teatro sabiendo que es una representación de una realidad, pero al forzar la imaginación como puerta de acceso a un mundo que no se ve aunque estemos despiertos, entra en juego como nunca nuestra propia conflictiva, la obra nos invita a recorrernos privados de luz por los oscuros sótanos de nuestra propia mente en busca de algún punto de fijación de la moral y las convicciones más profundas que nos hacen ser tal como somos, o creemos ser.

Invito a los amables lectores a pasar por esta experiencia original que nos propone el Teatro Ciego. Comprobará usted mismo/a que no se defraudará, y ojalá avance un paso hacia el conocimiento más profundo de su propio interior. Le bastará hacerse algunas preguntas mientras transcurre la obra: ¿por qué obra así? ¿Qué haría yo en su lugar? ¿Por qué haría eso y no otra cosa? ¿Qué me mantiene firme en mis convicciones? ¿En qué se apoya mi moral? ¿La tengo y no la uso o la uso y no la tengo?

No se arrepentirá, créame.

Alejandro Bovino, octubre 2011




Ficha Técnica

El infinito silencio (Basada en la vida de Diego R. Oxley)

Dirección General: Gerardo Bentatti & Charlie Gerbaldo

Elenco: Claudio Sánchez, Charlie Gerbaldo, Gerardo Bentatti, Javier Roson, Luisa Savoiardo, Mirta Lezcano, Sabrina Heisecke, Vanesa Boroda, Fernanda Rodríguez da Silva.

Musicalización y Edición: Javier Roson & Charlie Gerbaldo

Dirección de Edición: Exequiel Carracciolo

Voz en off: Claudio Sánchez

Piano grabado: Carlos Cabrera

Clarinete y Saxo en vivo: Graciela Pereyra.

 

Centro  Argentino de Teatro Ciego, Zelaya 3006 (Abasto) Tel 6379-8596

Domingos, 17 horas.

  


Publicado por talomac @ 0:44
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